¿Acaso no es obvio…?

La humedad se siente antes de verse, suspendida en el aire como una respiración lenta. Se adhiere a la piel y vuelve más intenso cada color, más vivo el satín de la blusa que cae con un brillo profundo, casi líquido. La tela responde al entorno: se pliega, se relaja, absorbe el verde del paisaje y lo devuelve en reflejos suaves. Nada está completamente seco; todo parece a punto de moverse, como si el cuerpo y el lugar compartieran el mismo pulso tibio.
Los shorts de tela translúcida añaden una nota juguetona, dejando pasar la luz sin decidirse del todo entre cubrir y revelar. No pesan; flotan. Y entonces está la sonrisa, descarada sin ser ruidosa, consciente del momento y del efecto. No pide atención, la acepta. En medio del follaje y del murmullo del agua, esa sonrisa parece decir que el clima, la ropa y el gesto han conspirado bien: aquí, ahora, todo está exactamente donde debe estar.

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