Nos encontramos aquí, donde la ciudad respira a través del agua, y sentimos que cada paso nos acerca más a algo que no sabíamos que buscábamos. La luz se posa sobre nosotros con una delicadeza casi íntima, como si también ella quisiera formar parte de este instante compartido.

Tu sonrisa abre un espacio en el aire, y en él nos reconocemos, nos elegimos sin palabras. Nos apoyamos en el borde del mundo, dejando que el murmullo del canal nos envuelva, y entendemos que hay lugares que no se recorren, se viven… se habitan desde dentro.
Nos miramos y todo lo demás se vuelve fondo: las fachadas, los puentes, el ir y venir de lo cotidiano. Solo quedamos nosotros, suspendidos en una claridad suave, en una complicidad que no exige explicaciones.
Y en ese momento, tan simple y tan pleno, sentimos que no estamos de paso… que este instante, al menos por ahora, nos pertenece.

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