Hay colores que parecen elegidos por el paisaje. Frente a un mar abierto y bajo un cielo limpio, el pareo en tonos verdes y dorados recoge el lenguaje de las olas, la arena y la luz del mediodía, como si perteneciera desde siempre a esa orilla.

La sonrisa serena y la postura relajada transforman la escena en una celebración de las pequeñas pausas. No hay prisa por entrar al agua ni por abandonar la playa. Basta con sentir la brisa, escuchar el romper de las olas y dejar que el tiempo avance con la lentitud de una tarde costera.
A veces, el verano no se mide por los días del calendario, sino por esos instantes en que el horizonte, el viento y la luz parecen estar perfectamente de acuerdo.

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